
Mi hermana se mudó a Madrid hace ya algo más de un año. No llevaba allí ni tres semanas cuando, su novio, le regaló el cachorro de un pastor alemán. Ese pequeño se ha convertido en el majestuoso Thor, que todo lo que tiene de grande, lo tiene de noble y cariñoso. Tan enorme ejemplar necesita hacer bastante ejercicio al día, pues si no gasta energía se porta algo regular con los muebles de la casa, así que tanto mi hermana como su pareja hacen turnos para llevarlo a un parque cercano. En dichos jardines Thor se encuentra con muchos perros más con los que tiene muy buena relación, en especial con Laika, un cruce de beagle preciosa. Yo he tenido la suerte de verlos divertise juntos y también de jugar con ellos las veces que he ido de visita.
Pero los perros no son los únicos que frecuentan este parque. Hay grupos, de personas que suelen hacer picnics con sus hijos por los jardines y que han tenido bastantes trifulcas con los dueños de los distintos perros, incluída mi hermana, porque los perros corretean cerca de ellos, sus pequeños y eso les molesta. Pongamos las cosas en claro, el parque es de TODOS, eso es lo que hay, y los animales también tienen el mismo derecho para estar allí. Es un lugar público, sin prohibiciones del ayuntamiento, del que cada uno hace el uso que le plazca, siempre respetando a los demás y cumpliendo las normas establecidas. Ahí está el problema número uno: los habituales de los mantelitos, cestitas y bocadillos de atún se han creído los dueños de esta parcela verde y se han tomado la justicia por su mano.
Uno de los dueños de esta mascotas, es un señor mayor que advirtió al resto de grupo de propietarios que los "picniceros" estaban echando matarratas por los jardines y que él los había visto y reprendido. No se le hizo mucho caso a este hombre, porque no se pensaba que en realidad estaban llegando tan lejos, pero más vale que alguien lo hubiera creído. Ahora Laika está entre la vida y la muerte, tan grave que el veterinario no ha dado ningún tipo de esperanza a su dueña. Algo habrá oliesqueado y luego, al comérselo, ha desencadenado la tragedia. No hay derecho. Esta animalita no tiene culpa de ese enfrentamiento absurdo en averiguar a quién le pertenecen los metros cuadrados del parque y ahora es ella la que se muere. Simpre pasa lo mismo, son los más inocentes y los que no se pueden defender los que pagan las consecuencias. Entre los dueños ha cundido el pánico y son muchos los que han dejado de pasear por allí con sus mascotas, dándoles la victoria momentánea a esa gente con tantas malas ideas y peores sentimientos. Mi madre, de toda la vida, me ha enseñado a no desear el mal al vecino, pues el mío podría venir de camino, aunque ahora sólo se me ocurre anhelar que OJALÁ esa persona se equivoque y se eche el veneno en el puchero que se tenga que comer para que tenga la peor digestión que se pueda imaginar. Buen provecho ¡hijo/a de puta!

Es posible que algún día te levantes y no tengas más esa necesidad, que no la extrañes tanto y que me valores algo más, pero será tarde, pues me conozco bastante y, sé que aunque ahora no puedo decirle no al nosotros, en cuanto vea un pequeño atisbo de posibilidad de mejora y recuperación de cordura emprenderé la huída lejos y no permitiré que suceda más. Sí, tú y yo estamos viviendo inmersos en una farsa que crece por momentos, que tendrá algún día su fin y cuando ambos echemos la vista atrás, tú sólo recordarás a otra ella que no supo cómo ayudarte a olvidar y yo veré a un él al que quise demasiado. Tú eres, yo soy… Nosotros podremos ser por separado.

¡Feliz finde a todos/as!
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No podía quedarme de brazos cruzados más tiempo, así que apunté un número de cuenta que aparecía en la pantalla de mi televisor y me fui a una Caja de Ahorros (de la que omitiré el nombre) cercana a casa. Esperé la correspondiente cola y cuando, por fin, me tocó estar en ventanilla ésta fue la conversación con la persona que allí trabaja:
YO: Buenos días, venía para ingresar dinero en esta cuenta.
TRABAJADOR DE BANCA (cogiendo el dinero de mis manos): A ver, ¿me deja usted el número de cuenta?
YO: Sí, claro.
TRABAJADOR DE BANCA: Va a tener que pagar usted una comisión.
YO (algo confundida): ¿Cómo? Pe... Pero si es una cuenta solidaria... Va a ir para Haití.
TRABAJADOR DE BANCA: Aunque sea una cuenta solidaria, pertenece a otra entidad, con la que no tenemos convenio. No deja de ser una transferencia y por tanto lleva comisión.
YO: Bueno, espere le doy también el dinero de la comisión.
TRABAJADOR DE BANCA: Es que no funciona así. Si me aporta más dinero a esta cantidad, la comisión será aún mayor.
YO: ¡Ésto es increíble! ¿A más cantidad, más comisión? Deme mi dinero, que soy capaz de llevarlo a Haití yo misma en persona.
TRABAJADOR DE BANCA: ¿Entonces no quiere hacer ya la transferencia?
YO: ¿Es que tengo cara de tonta? Claro que no haré la transferencia ni ningún tipo de ingreso, no, al menos, no aquí.
TRABAJADOR DE BANCA (mientras me devuelve el dinero y entre dientes): Vete con tu dinero a otra parte, pesada.
YO: ¿Cómo ha dicho?
TRABAJADOR DE BANCA (ahora la cara de tonto era suya): ???Yooooooo¿¿¿ Nada.
YO: Pues da la casualidad que me he enterado y claro que me voy con mi dinero dónde me sale del alma. Es lo último que tenía que escuchar hoy. ¿Sabe? Son todos ustedes iguales... Unos ladrones... ¡Qué digo ladrones, sois unos bansquerosos! [dirigiéndome a la gente que esperaba en la cola tras de mí] Más os vale no venir a ingresar nada para ayudar a los damnificados del terremoto!!!!!
SEÑORA MAYOR (que estaba en la cola): Hija, ¿y eso de bansqueroso qué es?
YO (antes de salir de la Caja de Ahorros): La suma de banco y asqueroso, señora.

* * * * * * *

Atrevimiento... Hay ocasiones en las que esa capacidad de decidir y, sobre todo, el riesgo que conlleva o puede conllevar, nos impide actuar como quisiéramos. Existe un enorme abismo entre lo que se piensa, se imagina o se visualiza y el modo en el que los hechos toman forma, pero eso no supone un impedimiento para que ocurran.Atrevidos... Personas aventureras. No son osados, son valientes. Gente que quiere apostar por su felicidad. Que no sean confundidos con los insolentes o los egoístas, ya que el abrazo de los atrevidos tan sólo es una muestra de afecto, mientras que los achuchones de los arrogantes hacen daño de verdad.
Atreverse... Decidirse. Confiar en las posibilidades de uno mismo. Estar en tu propia piel y gustarte. Hacer lo qué se quiere, dónde se quiere, cuándo se quiere y con quién se quiere.
¡Atrévete, dale un abrazo
a la vida y vive!



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RECUERDA!!! Tóxicos entran, tóxicos salen

Mi nombre es el mismo que el de mi padre (Manuel), pero adaptado para la mujer (Manuela). Lo detesto, de siempre lo he odiado, pero sus diminutivos me gustan mucho menos (Manoli, Manuelita, Manolita). Prefiero su versión en inglés (Emma) y me suena bien cuando mis amigos me llaman por su abreviatura (Manu)… No se os ocurra pensar que es nombre para chicos, los Alejandros y Alejandras son llamados Álex indistintamente; así que ¿por qué los Manueles y las Manuelas no nos podemos llamar Manu por igual?
Mi pelo y mis ojos son oscuros, pero mi piel tiene un blanco fantasmal… Encima, hay un pequeño contratiempo, me gusta vestir de negro, por lo que parezco más Cásper que el fantasmilla de la película.
Mi pasión es el cine, seguida de la pasión por la lectura. Películas y libros complementan mi mundo. Si no sabes dónde encontrarme busca en un cine o una biblioteca, en alguno de los dos sitios habrá suerte.
Mi color el azul en todas sus gamas. Azul oscuro para la ropa, azul eléctrico para decorar una habitación, azul turquesa en la tinta del bolígrafo para escribir historias, azul claro+plata para los complementos, azul metalizado para el coche, el Azul de Cristian Castro para bailar y el Azul de Elefantes para cantar.
Mi familia es sagrada y se encuentra por encima de todo. Los protejo y me protegen, les guío y me guían, los respeto y me respetan, los quiero y me quieren… Siempre es un continuo trueque de emociones. Con el resto de familiares y amigos más cercanos la relación es muy parecida.
Me encantan los animales, sin embargo, me dan un asco tremendo los gusanos. No puedo con todo un batallón de seres pequeñajos revolviéndose y arrastrándose con torpes movimientos. Cuando me muera, que me quemen, no voy a darles el gusto a los asquerosillos anélidos de tener un festín conmigo.
Me infunde respeto la velocidad, por eso siempre respeto los límites de las señales al conducir y me enfado si me llevan en un coche a más de 120 km/h.
Me gusta llevar la razón. Eso de argumentar y ver que convences al oratorio es una sensación única. Sin embargo, aunque cueste admitirlo, no siempre tengo por qué ser razonable.
Me disgustan las injusticias y me cabrean las mentiras mal intencionadas (de vez en cuando es hasta necesario contar alguna que otra mentirillilla). Creo que es sencillo hacer el bien y no entiendo las razones y los intereses que tiene la gente para fastidiar y hacer daño sin medida.
Conmigo es difícil aburrirse. Charlo hasta por los codos y nunca se me acaban los temas de conversación.
Conmigo los amigos tienen una buena amiga. Sincera, leal y conciliadora. Dispuesta a escuchar problemas, a prestar el hombro para la lloreras, a ser la primera para un bombardeo y la última en abandonar el barco.
Conmigo vivo 24 horas al día y si hasta yo soy capaz de soportarlo, va a ser que no tiene que ser tan mala la convivencia con alguien como yo después de todo ;D
http://www.youtube.com/watch?v=lI07qgtZ9e0
Petardy en la playa de Camposoto (San Fernando, Cádiz. España)
¡FELIZ 2010!