sábado, 1 de mayo de 2010

Unos besos de esos




En la antigua Grecia, dioses y humanos vivían sus vidas por separado, aunque en diversas ocasiones, los dioses interrumpían en las vidas mundanas para trastocarlas y hacer de ellas lo que se les antojara. Sin previo aviso, hacían y deshacían, sus deseos se convertían en órdenes y los mortales no podían hacer otra cosa que cumplir sus voluntades, pues si se negaban quedaban expuestos a la furia de las deidades.



En algún pueblecito de la costa del mar Egeo vivía Melibea, una muchacha de familia humilde y creyente, aunque ella era algo rebelde y poco conformista. Una de esas deidades llegó hasta su confortable hogar. El dios consiguió que todos los habitantes de la casa cumplieran sus deseos, todos excepto Melibea. Enojado por lo que estaba ocurriendo [¡una mortal que no quería hacer realidad sus caprichos!], inquirió a todos los miembros del clan para poder averiguar el origen de la negativa y la tozudez de la joven Melibea. Fue la abuela, el miembro más mayor de la familia, la que pareció resolver sus dudas. La anciana sabía que si el dios no escuchaba lo que quería oir, podría tomar replesalia contra la muchacha y le contó a la enfadada deidad que para que su nieta volviera a creer y obedecer a los dioses sólo era necesario que Kratos, el dios que los había venido a visitar y ahora les pedía explicaciones, le concediera el permiso para ir al monte Olimpo y poder disfrutar de un banquete digno de dioses. Kratos, sin vacilar un instante, aceptó. A la que le costó más emprender el viaje fue a Melibea, pero su abuela la convenció argumentando que era lo único que podía hacer si quería seguir viva. Al fin y al cabo, no creer en los dioses era como condenarse a una muerte segura.



En la morada de los dioses, Kratos le ofreció a la muchacha las mejores ambrosías y el más delicioso néctar. Con este festín, Melibea no pudo evitarlo, todo dejó de ser drástico o extremista, y comenzó a creer, pues con una dieta rica en maná, ya no importaban los dioses falsos o las falsas promesas.






* Su boca, fue para mí como el maná para Melibea, después de probarla volví a creer en los imposibles *

6 comentarios:

El chico de ayer dijo...

Si mi novia pensara eso de mí, de mi boca y de mis besos, primero me quedaría sin palabras y luego ni la cambiaría por otra ni mucho menos la dejaría escapar. Espero que tengas un buen fin de semana, que te lo mereces, guapa.

Mica dijo...

Cariño, eso lo dices ahora, pero ya verás, que con el tiempo ( insisto en ello porque es la realidad) descubrirás otro "maná", y éste te gustará aún más, porque estará hecho expresamente para tí. Un beso muy fuerte mi nena.

dalo dijo...

Bueno hay besos y hay BESOS. Algunos no significan mucho pero otros realmente son capaces de darnos sensaciones que no pensabamós sentir. Que bueno por ti, ojala que esos besos sigan pasando por tu boca. Saludos.

Quequieresquetediga dijo...

Mente y corazon estan en pugna lo se, pero estoy de acuerdo con Mica, tienes que dejar que pase el tiempo y veras como llegan hasta a ti otros labios que consigan hacerte creer de nuevo. En este riconcito isleño sabemos que lo vas a conseguir. Un beso.

VgGIrL dijo...

♫...And then I saw her face
Now I'm a believer..♫

me recordaste esta canción jejeje

que lindo no? jejeje

Petardy dijo...

*El chico de ayer* Dile a tu pareja que te cuide, que te mime y que te quiera tal y como eres. Nos os dejéis escapar ninguno.

*Mica* El tiempo lo cura todo, ¿no? El problema es que ya no quiero otro 'maná' que no sea el que él me dio.

*dalo* Los besos de esos dejaron de pasearse por mis labios y lo peor es que ya no volverán.

*Quequieresquetediga* En pugna constante, noche y día... Tengo que acostmbrarme a echarlo de menos.

*VgGIrL* Pues me gusta mucho esta canción de Smash Mouth y sí, hay personas, existen hechos u ocurren cosas que te hacen volver a creer.

Muchos, no, muchísimos besos (de los otros) para repartir.